Molino de marea O Pozo do Cachón (Museo)
      Este molino de marea se encuentra en el llamado barrio de La Acea, en la parroquia de Serres. Ocupa la desembocadura del río Valdexería, que se puede cruzar a pie por un puente de piedra que da acceso al edificio y se extiende desde el comienzo de dicho barrio hasta el barrio de Anido, al otro lado de la desembocadura. También se puede llegar por la pequeña carretera que nace frente al Colegio Ramón Artaza y termina en un pequeño parque que forma parte del complejo que incluye este importante lugar de interés turístico.
      El molino fue construido en un terreno que el gremio del mar le regaló a don Ignacio Pérez Bazarra para que lo utilizase con el objetivo, según el informe emitido por el gremio en consulta con la ayudantía de marina, de evitar que los catalanes hiciesen una obra allí destinada como almacén o depósito de bienes, con la intención de utilizarlo como punto de extracción de la materia prima del Ayuntamiento.
      Cierta empresa catalana había intentado durante algún tiempo introducirse en la Villa, ofreciéndose a construir, en esa misma zona, unos molinos de marea. Sin embargo, no pudieron llevarlo a cabo, ya que el sitio fue designado por el gremio del mar para hacer un refugio para sus barcos. Pero, cuando el trabajo del puerto estaba casi por la mitad, el capitán general de la marina otorgó a los catalanes el permiso para ejecutar la obra. Ante este revés, que les impidió continuar con el muelle, el gremio entregó las tierras a Don Ignacio Pérez para que pudiese llevar a cabo su proyecto anticipándose a los catalanes.
El trabajo tuvo que superar varias dificultades antes de llevarse a cabo. La principal la encontró don Ignacio ya antes de comenzar la construcción. Un tal Manuel Acuña, refugiado político que se encontraba en el convento de Louro, instaló varios postes como marca en el lugar donde se iba a levantar el molino,
lo que originó un conflicto con la propiedad.
      Pérez Bazarra se dirigió al gremio del mar pidiendo su apoyo en ese conflicto. Finalmente, fue resuelto y las obras pudieron comenzar.
      Aunque son muchos los molinos que se pueden encontrar en el Ayuntamiento, ninguno ha alcanzado el prestigio y la importancia de este, que se conoce como «O Pozo do Cachón». Este molino de marea, construido en el primer cuarto del siglo XIX, es uno de los más grandes de su tipo en España; y sus instalaciones son de gran interés turístico, artístico y cultural.
      Dichas instalaciones fueron completamente rehabilitadas en el año 1990 por iniciativa del ayuntamiento de Muros, quien también restauró el puente a través del cual se accede al edificio. También cuenta con un área recreativa diseñada como un auditorio al aire libre. La obra es un icono que representa la historia arquitectónica y local de esta Villa.
      Su planta es rectangular, alcanzando una gran longitud. El edificio se dividió en lo que era la zona de los molinos y otra parte dedicada al almacén.
      Desde su construcción hasta hoy el molino ha pasado por varios propietarios, siendo ahora propiedad municipal.
      Después de haber sido abandonado y haber estado en ruinas durante muchos años, ahora funciona como un museo etnográfico e histórico. También se utiliza con fines culturales. Siendo un reclamo turístico muy bien valorado.
     El edificio pasó por varias etapas durante las cuales estuvo en funcionamiento en algunas de ellas y completamente abandonado en otras. En 1880 y 1890 sufrió una de las peores temporadas de abandono, el muro de la presa estuvo derrumbado durante un tiempo. Fue levantado, pero cayó nuevamente, permaneciendo caído desde 1928 a 1929. La fecha exacta de cuando dejó de trabajar como molino no se conoce, pero se cree que pudo haber sido alrededor de 1915, cuando se instaló un molino eléctrico en el Ayuntamiento. Otros piensan que pudo haber sido en el año 1930.
En la parte del almacén estuvo funcionando un balneario especializado en la cura de enfermedades a base de baños templados de algas y agua de mar. Estos baños fueron construidos por iniciativa de don Alejandro Dubert, y fueron conocidos como «Los baños de Santa Rita».
Riada del año 1994
      La parte occidental del edificio, así como el puente de acceso al mismo, tuvieron que ser reconstruidos después de que una gran tromba de agua que descargó en las primeras horas del 6 de noviembre de 1994, hiciera desbordar los ríos de Valdexería, Serres, Furón y Rateira (este último en la Abelleira). Debido a la gran cantidad de maleza acumulada en los arcos del puente que cruza el flujo del río Valdexería, a unos cientos de metros sobre la desembocadura, se hizo un tapón que ejerció de dique; aumentando el nivel del agua hasta llegar, en algunas partes, a los pisos superiores de las casas construidas en sus orillas.
      El peso de esta cantidad de agua no pudo ser contenido por el viaducto, que cedió; siendo arrastrado al mar junto con animales, enceres, automóviles y también embarcaciones que estaban ancladas en la desembocadura del río. Esa enorme masa líquida, mezclada con todo tipo de objetos y maleza recogida en su descenso, golpeó sin piedad al puente y al edificio del molino, dejando al primero totalmente destruido y la esquina oeste del edificio arrasada.
      Un gran número de casas quedaron dañadas. Tanto en Valdexería como en la parte baja de Serres; especialmente en el lugar de Portugalete, donde las aguas alcanzaron niveles muy altos. En la Abelleira los efectos fueron menores, al igual que a orillas del Furón. Pero, los daños causados en esa media hora de lluvia tuvieron un alto coste económico. Aunque afortunadamente no hubo que lamentar la pérdida de vidas humanas.
      Las tareas de limpieza fueron arduas. Una gran cantidad de residentes, provenientes de todas las parroquias, ayudaron a limpiar el lodo acumulado. Pero la gente estuvo varios días casi incomunicada por la desaparición del puente.
      Una brigada militar llegó desde Zaragoza y estableció un nuevo puente temporal de madera y hierro. No fue sino hasta unos meses después que se reconstruyó el puente ahora existente.
Se tardó bastante más tiempo en reconstruir el edificio del molino, que aún permaneció durante unos meses sin una parte de las dos fachadas y sin el pinche, que había sido completamente derruido por el agua.
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