Patrimonio
      Muros es conocido por ser uno de los pueblos marineros que mejor conserva su estética medieval.
Nombrada monumento histórico y artístico nacional en el año 1970, conserva todo el encanto de sus estrechas callejuelas, antiguas escalinatas de piedra labradas a mano o casas soportaladas que, muy especialmente en el frente marítimo, le dan a esta hermosa villa su atractiva y nostálgica apariencia.
Quien visite Muros no puede dejar de admirar sus múltiples y seductores monumentos. El mercado de abastos; la plaza de Santa Rosa, antigua plaza de la leña, con un hermoso crucero que se alza en la misma; la humilde, pero bella, plaza del salero, oculta entre una maraña de robustas construcciones y escondidos callejones. Es de obligada visita, sin lugar a dudas, la iglesia de Santa María del campo, en las lindes superiores de lo que en su día fue el pueblo amurallado. Precisamente por detrás de la iglesia parroquial se pueden apreciar los restos de una buena parte de la muralla que rodeaba la villa.
El placer de recorrer sosegadamente las calles interiores de la población es también una actividad relajante y enriquecedora. Comenzando en el Curro da Praza, centro neurálgico del pueblo y zona de gran atractivo donde se alza el edificio del ayuntamiento, construido en 1958 en sustitución del anterior inmueble, se puede comenzar un recorrido por la calle Real, que nos llevará, entre antiguas y muy bien conservadas casas cargadas de historia hasta la plaza del mercado, actualmente remozada. Es allí donde podemos contemplar la bella arquitectura del edificio del mercado, uno de los más representativos de la Villa. Antes de continuar por la Axesta, es recomendable visitar el barrio del Carmen, quizás el más característico de todo el ayuntamiento. En este punto se puede visitar la Praza do Viñal, o la capilla del Carmen, recientemente restaurada.
Ya más reciente, pero no menos atractiva, es la parte norte del pueblo, que guarda una estética similar a las primeras edificaciones levantadas fuera de lo que era conocido como La Cerca, dentro de las antiguas murallas que rodeaban parte de la villa.
      Es precisamente en esa zona, germen del posterior crecimiento de la población, donde podremos remontarnos con la imaginación a los tiempos más pretéritos de nuestra historia. Las casas fuertes, con sus blasones artísticamente tallados en las fachadas, y las calles empedradas y escalonadas que nos dirigen irremediablemente a la iglesia parroquial, son una manera muy singular de trasladarse al pasado sin abandonar el presente.
      Pero, a pesar de toda cuanta belleza nos ofrece la capital, no podemos ignorar muchos otros ejemplos de arquitectura representativa de lo que fue Muros en tiempos anteriores. Así, abandonando ya la Villa, podríamos admirar la hechizante belleza arquitectónica de los innumerables cruceros que hay desperdigados por las diferentes aldeas, el convento de los Padres Franciscanos de Louro, la gran cantidad de fábricas de salazón y conservas que, a pesar de haber dejado de cumplir con su función hace tiempo, han sido restauradas y destinadas a otras actividades, sin perder el encanto de su estética original.
Quienes prefieran retroceder más aún en el tiempo, pueden visitar las múltiples estaciones rupestres existentes en la zona, o los restos, aun visibles y bien conservados, de la calzada romana.
Un sin número de Iglesias, cruceros, esculturas, fuentes, lavaderos públicos, antiguos molinos, palomares, hórreos, pequeños establos de piedra y otros muchos atractivos jalonan de historia viva esta Villa y su distrito.
      En definitiva, tanto si van a Muros para relajarse en sus playas o con la intención de absorber lo mejor de su cultura, las opciones que ofrece este ayuntamiento hacen que merezca la pena visitarlo.


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