Parroquial de Muros - Santa maría del Campo
      La villa de Muros, al igual que la mayoría de las poblaciones del medievo, estuvo fuertemente influenciada por la Iglesia. En su período de pertenencia al Reino, por la estrecha relación que los monarcas y nobles tenían con la entidad eclesiástica; y posteriormente, al pasar a formar parte de los dominios del arzobispado de Santiago, por su dependencia directa del mismo. Toda su historia, hasta bien entrado el siglo XX, se desarrolló directamente ligada a la religión católica. Esta dependencia fue la causa de que, de igual manera que ocurrió en el resto de Galicia y la mayor parte de España, a lo largo y ancho del territorio que ocupa su comarca se levantaran una gran cantidad de templos religiosos y multitud de construcciones representativas del cristianismo.
      A pesar de todo, Muros no se constituyó en torno a una iglesia, como era comúnmente el caso en la mayoría de las villas, ya que su primera Iglesia se encontraba en las afueras de la población. Al igual que la torre arzobispal, que estaba situada en lo que hoy es el barrio del Carmen, a muy poca distancia del templo. La iglesia parroquial existente en Muros, incluso antes del privilegio de Sancho IV que concedía a este lugar la categoría de Puebla. Era la de San Pedro, y se localizaba dónde hoy está el cementerio viejo. Se trataba de una edificación de estilo románico, construida en el siglo X. Estaba compuesta de dos cuerpos, la Capilla Mayor, de bóveda, y la nave central, compuesta de varios arcos con pequeñas capillas, también en forma de bóveda, a sus lados. En la capilla mayor, al lado del Evangelio, aparecía grabada una inscripción que decía: «Aquí yace don Vidal de Halcón, mercader (o procurador) de la Villa». En el atrio de la Iglesia se celebraban las sesiones municipales y servía también como sitio de enterramiento.
      Muchas de las losetas con escudos y símbolos que allí se encontraban fueron usadas para adoquinar las calles. Había en la Capilla Mayor una sepultura en cuya cubierta aparecía en relieve un sacerdote con un Cáliz entre las manos. El Altar Mayor estaba hecho de una sola piedra de grandes dimensiones. Tenía un retablo pequeño de mármol; y encima de él, una imagen de San Pedro ataviado con ropa de seda verde, acompañada esta imagen por otras, concretamente una de la Virgen con el niño en brazos, otra de Santa Catalina y una de San Antonio. En lo alto, en la parte trasera del retablo, se erguía  un crucifijo grande de madera y las imágenes de la Virgen y de San Juan.
Esta Iglesia estuvo habilitada como colegiata hasta terminar las reformas de la rectoral de Santa María del Campo. En la actualidad solo existen algunas ruinas. Durante mucho tiempo, una de sus dependencias sirvió como depósito del cementerio.
      No fue hasta el año 1399, que por mandato del entonces administrador del arzobispado de Santiago, don Lope de Mendoza, se comenzó en el mismo lugar donde se encontraba la primitiva iglesia levantada en el siglo XII -de la cual se aprovechó la entrada principal- la construcción de la iglesia de Santa María del Campo, conocida también entonces como «La nueva». Fue terminada por el Ayuntamiento en la primera mitad del siglo XV.
      Su interior está compuesto por una gran nave central sustentada con cuatro elevados arcos. A los lados de la misma hay seis pequeñas capillas abovedadas. Al frente, en un nivel ligeramente superior, se encuentra la capilla principal, también totalmente abovedada, donde está el Altar Mayor. Tras una puerta, en la parte izquierda, está la sacristía. En el lado derecho hay otra puerta, tras la cual existe un recinto en el que se guardan los santos y cosas de la Iglesia. Este recinto está comunicado con la casa rectoral por la parte trasera del templo.
      La obra comenzó siendo románica y terminó siendo ojival, tratándose, por lo tanto, de una edificación de estilo mixto románico-gótica.
      Al primer período pertenecen la portada del imafronte y el ábside con el rosetón que se abre sobre la piedra del arco triunfal. Más tarde, a finales de siglo, se construyeron los arcos torales con machones de aire románico. Luego, el rosetón de la fachada, esta, de estilo gótico, y finalmente, ya en los siglos XV y sucesivos, las seis capillas laterales y la torre, esta última en el año 1757. La arcada y jambas del pórtico son de estilo románico. Tiene una inscripción de origen también románico sobre la puerta lateral que se traduce más o menos así: «O Arzebispo Don Lopo mandóu facer ela fizo. Moitas grazas: O concello de muros a acabóu: Lourenzo Afonso a comenzóu y procuróu: ano 1400». Hoy faltan dos líneas del grabado original. Lorenzo Afonso fue jurado de la villa de Muros y quien consiguió y comenzó la construcción de la Iglesia. Falleció el 15 de enero de 1410. Su escudo de armas se puede ver dentro y fuera de del templo, y muy probablemente esté sepultado al lado del altar mayor, donde uno de los arcos muestra una inscripción que dice: «AQUI JAZ LOURENZO AFONSO IURADO DE MURO E FINOU A XVDE IANEIRO/AÑO M.CCCCX».
      La nueva iglesia fue nombrada como Colegiata por el Papa Alejandro VI, el 15 de mayo de 1500, a petición de Fernando el Católico, influido por don Diego de Muros, a la sazón deán de Santiago y rector de la Iglesia parroquial de Santa María, y apoyado por otros insignes hombres pertenecientes a la iglesia compostelana.
      Durante un tiempo existieron en Muros dos Iglesias parroquiales, repartiéndose el culto entre la de San Pedro y la de Santa María, si bien fue en esta última donde subsistió el principal, puesto que había sido considerablemente reformada para convertirla en Colegiata. Por tal razón, también se le llegó a llamar iglesia Mayor. La bula del Papa Alejandro VI fue suprimida por decreto el 10 de febrero de 1842, siendo Espartero regente de la nación. Pero, gracias a un concordato celebrado entre el Papa Pío IX e Isabel II en 1851, quedó la Colegiata definitivamente constituida en parroquia.
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