Muradanos relevantes
      En este compendio de historia, arte y cultura muradana no puede faltar mención a aquellos nativos de nuestra comunidad que, de un modo u otro, destacaron fuera del su pueblo. Es, por tanto, de justicia dedicar
unas páginas a algunos de los más representativos personajes. Aquellos que, a pesar de no depender de su procedencia, llevaron siempre en su corazón esta hermosa tierra muradana y ensalzaron, desde sus posibilidades, a este trocito de Galicia.
      Soy consciente de que no figuran aquí todos los que deberían estar, pero sí estoy convencido de que todos cuantos están lo merecen.
Los Diego de Muros
      Tres fueron los «Diego de Muros», todos ellos clérigos, que alcanzaron una gran relevancia, tanto por sus obras como por el poder que llegaron a poseer en los altos estamentos del Reino; tanto en el ámbito religioso como en el político. Alguno de ellos llegó a influir directamente en decisiones de gobierno. Consiguieron grandes logros para la posteridad, por lo cual forman parte muy importante de la historia de esta villa de Muros.
Diego de Muros I
      Este ilustre vecino de la Villa nació en Muros en el año 1410, en fecha sin confirmar, y falleció en Ciudad Rodrigo el 8 de diciembre de 1491. Hijo de Diego Rodríguez de Muros y Leonor de Viveiro, era descendiente de una familia pudiente y noble de la Villa. Cursó sus estudios en la universidad de Salamanca, llegando a ser uno de los más famosos oradores de la época, razón por la cual el Rey lo nombró Predicador Real de su Real capilla.
      Era don Diego un gran teólogo y escritor. Con tan solo 14 años entró a formar parte del servicio de don Lope de Mendoza, Arzobispo de Santiago, hasta que este se tuvo que desplazar a Valladolid. Posteriormente, llegaría a ser embajador de Enrique IV y de los Reyes Católicos; comendador de Segovia, Toledo, Valladolid y Guadalajara (1464) y provincial de su orden en Castilla y Portugal, cargo que comenzó a desempeñar en 1466. Formó parte del consejo de los Reyes y estuvo, como oidor, en su audiencia, además de muchas otras actividades llevadas a cabo a lo largo de su vida.
      El 30 de agosto de 1465, el rey Enrique IV lo nombró su capellán y le asignó una cantidad de 30.000 maravedís para que los donara como renta Real a cualquier villa del Reino de Galicia. Don Diego pidió que la cantidad otorgada fuese destinada a las alcabalas de vino y pescado de la Villa de Muros, en aquel tiempo perteneciente el arzobispado de Santiago. Este privilegio, redactado por el notario del Rey el 1 de octubre de 1465 en la villa de Olmedo, fue trasladado a las autoridades muradanas, siendo entregado a los señores don Diego de Muros, don Pedro Patiño y don Martín Salazar el 20 de marzo de 1476 en la villa de Noia.
      El 15 de junio de 1472, Diego de Muros I es preconizado obispo de Tui, cargo que desempeñaría hasta 1487 -con graves dificultades acontecidas durante su obispado-, fecha en la que es trasladado a Ciudad Rodrigo, para cuya sede eclesiástica fue presentado por los Reyes Católicos mediante una carta escrita por estos a sus embajadores en la Santa Sede el 2 de mayo de 1486.
      Cuando reclamaron las cortes contra las concesiones hechas por Enrique IV y los Reyes Católicos anularon la mayoría de ellas, el confesor de la Reina, Fray Hernando de Talavera, formó un listado en el que figuraba don Diego de Muros, obispo de Tui, como una de las personas propuestas para que se anulara su pensión de 30.000 maravedís.
      Tomadas las tierras del obispado por los portugueses, don Diego debió abandonar su diócesis, volviendo a tomar posesión de su territorio cuando se consideró definitivamente a salvo de los lusos. Sin embargo, el rey Frontero de Barcelos nombró a Pedro de Mendaña para hacer la guerra en Galicia, tomando los portugueses nuevamente Tui y otros tres castillos pertenecientes al conde de Caminha. Esto dio lugar a la prisión de don Diego en 1477, dando origen a una época especialmente desafortunada para el obispo de Tui, que llegó a permanecer encerrado durante 15 meses en una jaula. En 1485 fue hecho nuevamente prisionero por el conde de Caminha, quien ordenó encerrarlo en una bóveda subterránea en la fortaleza de Fornelos.
Don Diego le perdonó, pero siguió molestando a su sucesor, don Pedro Beltrán, desde Bayona. Esta actitud fue la causa de que en el Sínodo celebrado en el año 1479 en Vigo, dictara contra él y sus descendientes una severa medida; inhabilitándoles para obtener beneficios de la Diócesis hasta la cuarta generación. El 10 de abril de 1474 se alió con el arzobispo Fonseca para tomar parte en la defensa de su Iglesia y señorío durante las revueltas feudales. Fue uno de los que firmó la tregua entre portugueses y españoles que tuvo lugar el 24 de octubre de 1476. En 1479 formó parte de la embajada que enviaron los Reyes Católicos a Italia con la finalidad de conseguir la paz entre los Medici y el Papa Sixto IV.
      En Roma ejerció de embajador de los Reyes Católicos, llegando a convencer al Papa para que excomulgase al conde de Sotomayor, su más acérrimo enemigo, que había sido quien lo había entregado prisionero a los portugueses un par de años antes. Fue a su vuelta cuando le concedieron el título de Oidor de la Audiencia Real.
      Una de sus principales obras literarias fue, «Las Sinodales», pero fue también autor de otros trabajos como «La vida de Fray Juan de Granada», «Provincial de la Merced en Castilla» y «Mártir». Este insigne personaje se vio, a lo largo de su vida, inmerso en varios y diversos conflictos; debiendo luchar muchas veces por la defensa y recuperación de sus estados eclesiásticos, periódicamente atacados y usurpados por los nobles revolucionarios de la época.
Este Diego de Muros fue el fundador de la Colegiata de Baiona en 1484 y quien instituyó la Abadía de Monterreal.
      Falleció en Ciudad Rodrigo en el 1492, sí bien en su epitafio figura como año de su fallecimiento 1491, fecha que no coincide con la aparecida en la copia de su testamento, expedida en esa misma villa el 15 de marzo de 1493. Permanece sepultado en la Capilla Mayor de la iglesia de esa localidad.
Diego de Muros II
      Don Diego de Muros II fue Obispo de Canarias desde 1496 hasta 1507, año en el que murió. Tenía como verdadero nombre el de Diego López De Burgos, y se cree que era natural de Santiago, donde su padre había sido alcalde en el 1450. Pero según el autor de la obra Antigüedades de La Gran Canaria, era hijo de la Villa de Muros. Junto a su pariente Diego de Muros, deán de la Catedral de Santiago y luego obispo de Mondoñedo y de Oviedo, y al notario Gómez de Marzóa, fundó el llamado «Estudio Viejo», que acordaron poner en las casas que de sus padres había heredado. Una fundación destinada a la enseñanza, similar a la de una universidad, en la cual se impartían cátedras y a la cual tan solo le faltaba el derecho de conceder grados para llegar a ser una verdadera universidad.
      Entre los rectores de esos colegios, que siempre debían ser canónigos, se encontraron importantes personajes tales como: Joaquín Auñón, en 1525, quien se titula en 1527 rector del colegio Fonseca; Lope Sánchez de Ulloa, en 1539; Simón Rodríguez, en 1548 y Pedro Maldonado de la Carrera en 1554. En el 1556 aparecen ya los doctores de la universidad y del colegio, que eran don Rodrigo Rodríguez y don Simón Estévez.
Diego de Muros III
      Nacido en Muros alrededor del 1455, este canónico, ilustre hijo de la Villa, era sobrino de don Diego de Muros I, quien había sido obispo de Tui y Ciudad Rodrigo, y primo de don Diego de Muros II, obispo de Canarias. Su madre, Catalina Gómez, estuvo casada en segundas nupcias con Fernán Casquizo, padre político de don Diego, un escudero natural de la Villa de Cee, de donde también era su madre. Fueron sus abuelos, don Diego Rodríguez de Muros, juez de la Villa desde el 1418 hasta el 1423 y fundador del hospital de la Trinidad (Hospitalillo), y Teresa Sánchez de Moscoso, que pertenecía a la familia de los que habrían sido luego condes de Altamira. Se sabe que tuvo un hermano llamado Sancho Sánchez, fallecido en Cee antes de 1497.
      Siendo aun un niño se vio enormemente influenciado por su tío, el obispo de Tui, quien fue una figura decisiva en la carrera de Diego III. Su notoriedad social se empezó a forjar con tan solo 19 años, cuando el 1 de agosto de 1474 fue nombrado canónico compostelano. Fue, sin duda, ese el precio de la nueva alianza entre el obispo de Tui y el Arzobispo Fonseca, firmada el 10 de abril de ese año y retirada el 6 de abril del año siguiente, contra el conde de Caminha, pero pactada por Fonseca. Su Tío supondría para él un muy seguro apoyo para promocionarlo en la carrera eclesiástica. Diego pasó junto a él su juventud, y es muy probable que fuera él mismo quien lo nombró cura, Según parece, el padre biológico de Diego era hermano del obispo de Tui. A pesar de su arraigo a la villa muradana, no es seguro que hubiese vivido en esta, más bien se cree que habitó en Cee en su infancia, pues allí residían sus padres.
      Diego de Muros destacó notablemente en la parcela de la genialidad. Fue al mismo tiempo estudiante, maestro, profesor, escritor y mecenas. Uno de los momentos más importantes para Diego fue cuando abandonó Galicia rumbo a Salamanca, con la idea de meterse de lleno en el campo de la cultura y labrarse su camino en el escenario político y religioso. Se especula con el año 1476, cuando tomó la decisión de emprender un nuevo rumbo con tan solo 22 años.
Se encontraba el joven Diego en su jubilación académica en Salamanca cuando su tío fue hecho preso por los portugueses. Allí pudo digerir las amargas Experiencias que él mismo reviviría después como obispo de Oviedo.
      Finalizada su estancia en Salamanca, en febrero de 1484, había, además de lo aprendido en sus estudios, pasado por una serie de vicisitudes que forjaron su personalidad y aportaron a sus conocimientos el saber de sus vivencias y de la experiencia. Estando en la ciudad del Tormes vivió en los años 1477 a 1479 el proceso de Pedro de Osma, que había tenido gran resonancia nacional y repercusión en toda la cristiandad. En 1479 se vio afectado por la peste, lo que le obligó a parar y a presenciar el pavoroso espectáculo de la muerte y del sufrimiento. Fue testigo privilegiado de la visita de los Reyes y de la reforma de la universidad proclamada por los Reyes Católicos en 1480. A estos acontecimientos se le sumaron otros más externos, pero no menos importantes, tales como la guerra de sucesión, las conquistas andaluzas o la guerra civil en Galicia, acontecimientos, todos ellos, en los que se vio implicada su familia, especialmente su tío y su primo.
El 14 de febrero de 1484 fue decisivo en su vida. El cardenal Mendoza buscaba estudiantes salmantinos para echar a andar su colegio de Santa Cruz, en Valladolid. Debido a su capacidad para dirigir el grupo y desempeñar funciones directivas en el colegio, fue nombrado consejero, desde su ingreso hasta terminar sus estudios.
      Ejerció, probablemente, la docencia en teología, y terminó su preparación académica, licenciándose en esa misma rama. Ostentó los títulos de doctor en religión y notario apostólico. Nunca fue enclaustrado catedrático. Ocupó el puesto de secretario de Mendoza desde 1488, y debido a este compromiso llevó a cabo innumerables viajes; algunos de los cuales, seguramente, fueron responsables de su aparición en la corte.
      Desempeñó variadas y abundantes actividades en su carrera. Fue Canónico de Compostela (1974), deán de Santiago (¿1488 -1494?), cura de Muros (1490), maestro de la universidad de Sigüenza (1495), Capellán Real (1495), Arcediano de Carmona (1497), Deán de Jaén (1501), beneficiado en la iglesia de Ávila (1504) y beneficiado en Valde Barcia. No figuran aquí todos los beneficios que tuvo don Diego, pero sí los más representativos. De lo que no cabe duda es de la gran cantidad de rentas que percibía por todos estos privilegios, lo que revelaba su más que próspero estado económico.
      Al terminar sus estudios en Valladolid, en 1488, pasó inmediatamente a dar clases en la recién fundada Universidad de Sigüenza. Tanto Diego III como su Tío Diego I, acompañaron al cardenal Mendoza hasta sus últimos momentos. Uno de ellos escribía el 15 de marzo de 1494 desde Medina del Campo, detallando el curso de la enfermedad que padecía el cardenal español, quien falleció el 11 de enero de 1495.
      Al morir Mendoza, renunció a su puesto en la universidad de Sigüenza y decidió volver a Galicia para administrar sus beneficios compostelanos.
      Había llegado al decanato con no mucha claridad. Su familia no estaba muy bien vista por Fonseca, quien había incluso sancionado a su primo, Esteban Rodríguez de Muros, con la privación, el 25 de marzo de 1475, y en 1491 habían intentado impedir que su otro primo, Diego de Muros II, adquiriese la chantría compostelana. No podía esperar, por lo tanto, un buen recibimiento de Fonseca, y decidió buscar un camino más sutil; consistente en hacer una permuta con el deán en ejercicio, don Fernando de Castro. Así conseguiría hacer realidad su sueño de llegar a conseguir la dignidad canónica; consiguiendo, además, la dignidad de deán.
En Santiago intervino en la fundación del Estudio Viejo de Compostela, levantando el Hospital de los Reyes Católicos, además de escribir varios ensayos de corte humanista, al mismo tiempo que siguió administrando su imprenta en Valladolid.
El 4 de abril fue nombrado Obispo de Mondoñedo y el 1 de octubre de 1512, lo nombraron Obispo de Oviedo. Estos dos hechos impulsaron enormemente su carrera política cuando llegó al trono de la Casa de Austria. En el año 1500 le fue concedida a legación ante el rey de Navarra, y en 1524, estuvo a punto de entrar a formar parte del Consejo de Indias.
Fundó en Salamanca el Colegio Mayor de El Salvador, que luego cambiaría su denominación por la de Colegio Mayor de Oviedo en honor a la sede que ocupaba don Diego. Por Muros existió durante mucho tiempo, y aún existe, la creencia de que tal colegio se estaba edificando en esta villa, pero que debido a las reticencias de las autoridades muradanas don Diego decidió hacerlo en Salamanca. Esta creencia popular no tiene nada que ver con la realidad. Lo que realmente se estaba construyendo en Muros era el Hospital para pobres, y debido a la relación, tanto en nombres como en parentesco, de sus impulsores, mucha gente asumió que don Diego había querido hacer en Muros el Colegio Mayor de Salamanca. De esta errónea leyenda surgió el famoso dicho muradano, «Ya que en Muros no me quieren a Salamanca me voy». Sí, en cambio, fue fundador junto a su tío Diego de Muros II a y Gómez de Marzóa del Estudio Viejo de Santiago, origen de la actual universidad.
En recuerdo a este insigne hijo de nuestra Villa, la rama masculina del colegio Mayor Santa Cruz de Valladolid creó, a través de sus estatutos, en 1987 el premio «Diego de Muros», para distinguir al residente que más haya destacado por su participación en la vida colegial. Don Diego de Muros III falleció el 18 de agosto de 1525.
Doctor frai Juan de Muros
      Se cree que este personaje nació en Muros en 1395 y falleció en 1444. Este fraile muradano fue predicador y misionero. Poco más se conoce de su vida, aparte de algunos datos sobre las herencias recibidas a su muerte por la Villa.
Don Pedro de Muros
      Este personaje, sin ser familiar de los Diego de Muros, aparece con el mismo apellido. Fue Cardenal Canónico de la Iglesia del Apóstol. Pedro de Muros nació en el 1476, siendo, por lo tanto, contemporáneo de los tres Diego. Este religioso muradano es citado una gran cantidad de veces durante el oficio del prelado de don Alonso I de Fonseca como Cardenal de Santiago. El 21 de julio de 1466, junto con otros religiosos, fue apresado, por orden de la madre del prelado y su hijo Luis de Acevedo, cuando estaban reunidos en la torre nueva de la iglesia tratando asuntos referentes a comunidad eclesiástica Compostelana.
Frai Juan de Muros
      Este otro insigne personaje, se dice que tomó los hábitos como franciscano en el convento de Louro el año 1 550, y que pasó allí su noviciado. En el año 1610 estuvo de religioso en el convento de San Lorenzo, en Santiago, donde dicen que se le oía predicar y se le veneraba como un enviado del Cielo. Fue Vicario del Monasterio de las Clarisas Descalzas de Gandía y vicario provincial. Estando Fray Juan de guardián de la recolección en el convento de Villalón, disfrutó de un gran prestigio, siendo considerado un hombre de grandes virtudes y sabiduría. Se llegó a decir que profetizó el día de su muerte.
      Es considerado un religioso venerable. Murió en Salamanca y está enterrado en el convento de San Antonio. A este fraile, apodado «El Venerable», se refiere el acta municipal de 1614 de la Villa de Muros, en la cual se ordena la construcción de un retablo para colocar las reliquias mandadas desde Roma, que allí tenían de él y habían enviado para que se depositaran en la colegiata.
Santiago González de Castilla
      Nacido en Muros el 30 de agosto de 1715. Este muradano, hijo de don Domingo González Castilla Torres y de doña María González Arredondo, se decantó, ya de muy joven, por la carrera militar. Llegó a ejercer como comandante de milicias en Padrón hasta 1778, año en el que fue enviado a Buenos Aires para ocupar el puesto de alcalde en la ciudad del Plata. Cargo que ejercería hasta su muerte, el 17 de mayo de 1787.
       Estuvo casado con doña Juana Cabezas López, con quien tuvo cuatro hijos; Felipe González Castilla Cabezas, Ana González Castilla Cabezas, María Ignacia González Castilla Cabezas y Juana María González Castilla y Cabezas.
Cesar Augusto Cisneros Luces
      Nacido en Muros el 22 de septiembre de 1849. Abandonó su pueblo de muy joven. Con solamente trece años emigró a Cuba. En La Habana trabajó como dependiente en un comercio, al tiempo que desarrollaba su afición por las letras colaborando con el Diario de la Marina. Al poco tiempo comenzó a trabajar en la redacción de ese rotativo, abandonando su anterior actividad para dedicarse exclusivamente al periodismo.
      Una enfermedad cuando contaba con solo 19 años le trajo nuevamente a Galicia en 1868. De nuevo en su terruño logró colocarse como profesor de instrucción general en la Escuela Naval Flotante de Ferrol, donde ejerció hasta 1873, año en el que vuelve a emigrar a Montevideo. En aquella ciudad fundó el periódico La Carta Blanca. Su atrevimiento le llevo a publicar artículos en los que atacaba al entonces dictador de Uruguay, Lorenzo Latorre. Tal enfrentamiento le obligó a huir del país en 1877; refugiándose en Buenos Aires. En la ciudad porteña trabajó como colaborador del diario El Correo Español, creando, posteriormente, el primer periódico gallego de América, al cual llamó, precisamente, El Gallego. Más tarde volvió a Uruguay. En Montevideo ejerció como colaborador de varios medios escritos; El Pampero, La Unión Gallega, Montevideo Noticioso y El Gallego de Montevideo.
      Falleció en aquella ciudad el 4 de enero de 1879, cuando solo contaba con 29 años.
Padre Bernardino Lago
      Don Bernardino Lago nació en Serres (Muros) el 23 de diciembre de 1895. Su devoción por la iglesia le llevó ingresar en la Orden de San Francisco cuando solo contaba con 19 años. Estudió teología y fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1922.
      Inmediatamente, se desplazó a Roma para cursar estudios superiores de teología dogmática en el Colegio de San Antonio.
      Terminados los estudios regresó a Galicia, donde ejerció como catedrático en Sagrada Teología en San Francisco.
En 1947 fue nombrado provincial de la Seráfica de Santiago. Siendo reelegido nuevamente el 15 de septiembre de 1950.
Don Antonio Novo Campelo
      Este médico muradano, nació en esta Villa en 1878. Cursó sus estudios superiores en la Universidad de Santiago de Compostela. Alumno destacado y perseverante analista, se licenció en medicina en el año 1901; siéndole concedido el premio extraordinario por su notoria trayectoria como estudiante.
Con tan solo 23 años se doctoró en la Facultad de Medicina de Madrid y en 1904 ingresó en el Cuerpo de Médicos de Baños.
      Fue director de los balnearios de la Toxa; Verín; Baños de Molgas; Retortillo y Ledezma, especializados todos ellos en tratamientos contra el reumatismo mediante balneoterapia.
En 1907 obtuvo una plaza de profesor auxiliar en la Facultad de Medicina de Santiago, donde ocuparía una cátedra terapéutica que se encontraba vacante. En 1909 ganó, también por oposición, la cátedra
terapéutica de la Facultad de Medicina de Zaragoza; si bien no llegó a desempeñar el cargo. Trabajó en Frankfort y Berlin con los profesores Ehrlich, considerado el padre de la quimioterapia antiinfecciosa, y el doctor Wasserman. Fue invitado en varios congresos internacionales, universidades e instituciones farmacológicas.
      Regresó de Alemania en 1910 para ejercer como catedrático y decano en la Facultad de Medicina de Santiago. A lo largo de su dilatada carrera obtuvo numerosos premios y merecimientos; entre ellos los de Comisario Regio de la Escuela de Veterinaria, Comendador de Don Antonio Novo Campelo la Orden de Medahvia de Marruecos, Comendador de Instrucción Pública de Portugal y Encomienda de la Orden de Alfonso X el Sabio.
      Publicó en 1917 «Farmacología Experimental y Terapéutica», obra de la cual llegaron a comercializarse otras dos ediciones (1935 y 1943). Fue, además, autor de innumerables artículos y trabajos científicos.
Falleció en 1948, con tan solo 69 años. En su honor, en 1957, la Facultad de Medicina de Santiago bautizó al departamento de farmacología con el nombre de «Novo Campelo»; en dicho departamento figura una gran fotografía suya como recuerdo a su labor.
      En el ayuntamiento muradano, donde ha sido inhumado, se bautizó a una plaza con su nombre, siendo alcalde don Fernando Rey Hermida.
Don Ramón de Artaza Malvárez
      Don Ramón Artaza Malvárez nació en Muros el 6 de marzo de 1877 y falleció el 20 de diciembre de 1976 en la ciudad de A Coruña. Era abogado de profesión y ejerció como registrador de la propiedad en las villas de Fuentesaúco (Teruel) y Castellote (Zamora). Entre 1914 y 1915 fue director en Madrid de la revista Tribuna Gallega.
      Durante años fue cronista oficial de los municipios de Muros y Carnota. Con un amplio currículo como historiador; escritor y cronista de la época; fue también Asesor Jurídico de la Marina; Numerario de la Real Academia Gallega, en la cual ingresó el 22 de abril de 1939, y del Instituto histórico del Miño, (Portugal); académico de las Buenas Letras de Málaga; vocal y secretario de la Comisión Provincial de Monumentos; Jefe Superior de Administración Civil; Comendador numerario de la Orden Civil del Mérito Agrícola; cruz blanca de 2ª clase del mérito militar, etc.
      Este insigne personaje de nuestra Villa fue galardonado en diversas ocasiones con premios a varias de sus obras literarias. Escribió, entre otras «Recuerdos de La Muy Noble, Muy Leal y Muy humanitaria Villa de Muros», con prólogo de Manuel Murguía y editada por El Eco de Santiago en 1908; «Reconquista de Santiago» escrita en 1809 y publicada en 1910, «Muros, Páginas de su Historia», publicada por el Heraldo de Vigo en 1920 y premiada por la Real Academia de la Historia con el premio al talento en 1922, «Nuestra tierra (Folklorismo e Historia)» (1936); «Muros, Páginas de su Historia» (Apéndice), 1950; «Historia de Muros», 1954; «Las Rías Gallegas», editada por Ediciones Galicia en la ciudad de Buenos Aires en el año 1961 y «La Villa de Muros y su Distrito», editada en Pontevedra por Impr. y Libr. y Paredes Valdés en 1959 y una segunda edición en 1962. En la primera edición le fue concedido el 30 de enero de 1976, junto a otros dos ilustres escritores gallegos, Ramón Otero Pedrayo y Eduardo Blanco Amor, el premio creado por la fundación Pedro Barrié de la Maza (Conde de Fenosa), denominado «Premio fundación Barrié de la Maza».
Don José María García Rodríguez
      Este diplomático y escritor nació en Muros el 6 de febrero de 1912. Se licenció en derecho en la universidad de Valladolid y ejerció como juez en varias ciudades españolas. Se exilió en la República Dominicana y llegó a desempeñar el cargo de canciller del consulado español de ese país y en el de Puerto Rico. Fue director del Boletín Oficial de la Cámara de Comercio y de la revista Economía de la Secretaría del Estado de R.D.
      En los años ochenta regresó a España, donde le ofrecieron ejercer como. Juez hasta su jubilación. Falleció en Puerto Rico en el año 2006.
      Fue el autor prolífica creación literaria: «Ambrosio Spínola y su tiem po» (Barcelona, 1942); «La gracia en la locura» (B.,1493); «No éramos así», Novela que refleja la vida en los frentes de la guerra; «Huyen las raposas», Novela basada en los pronunciamientos del siglo pasado desarrollada en Galicia; «La guerra de la Independencia» (1808-1814), Dos volúmenes; «Como el amor loco» (Madrid, 1943), novela biográfica de D.ª María de Molina (Barcelona); «Biografía de D. García Hurtado de Mendoza»; «Antología del Filósofo Rancio» (Madrid); «A Vila nos anos 20»; «Os mártires de Carral», etc.
Don Francisco Caamaño González
      Este distinguido hijo de la Villa, conocido por todos como «Don Paco do Camiño Novo» nació en Muros en 27 de septiembre de 1908. Desde joven optó por la carrera militar, llegando a ser coronel de Intendencia de la Armada. Pasó buena parte de su vida en Ferrol, ciudad en la que, después de haber estado destinado en Cádiz, Cartagena y Madrid como oficial, estableció su residencia definitiva al casarse con doña Victoria Isabel Cebreiro Paz, con quien tuvo seis hijos.
      Su condición de militar le había llevado también a Vigo, donde ocupó la presidencia del Real Club Celta de Vigo a finales de los años cuarenta. Ya en la Ciudad Departamental llego a ser presidente del Real Club Racing de Ferrol en los años cincuenta. A principios de los setenta presidió la Caja de Ahorros y Monte de Piedad, y ejerció la vicepresidencia de Caixa Galicia cuando esta fue creada al fusionarse varias entidades gallegas.
      Era un hombre de fuertes convicciones religiosas. Como buen católico ocupó un cargo en el consejo de la adoración nocturna de la diócesis de Mondoñe- do-Ferrol, también como terciario franciscano. Su actividad política le llevó a presidir la corporación municipal; convirtiéndose en alcalde de la ciudad el 25 de abril de 1977, renunció al cargo en 1979, cediendo el puesto a don Julio Pisos Olmo, pasando a ser luego vicepresidente de honor de Caixa Galicia. Tuvo nueve hijos, siguiendo alguno de ellos sus pasos en la carrera militar, y destacando especialmente su hijo Juan, quien llegó a ser Consejero de Pesca de la Xunta de Galicia, y posteriormente director del instituto Energético de Galicia.
      Don Paco nunca olvidó sus raíces muradanas; a pesar de pasar la mayor parte de su vida fuera, solía visitar la Villa todos los años acompañado de su familia, y tenía grandes y muy buenas amistades en Muros, donde era una persona muy conocida, y por muchos, admirada. Falleció el 19 de abril de 2004 a los 95 años de edad, siendo sepultado en Muros. A su funeral asistieron importantes personalidades del ámbito militar, político y social, así como gran cantidad de gente del Ayuntamiento, que reconocía en este hombre a un muradano de pro que siempre vivió pendiente del pueblo que lo vio nacer y fue, como muchos otros, un gran embajador de nuestro Ayuntamiento en toda Galicia.
Don José Marcelino Figueiras García (Pepe do Xeloto)
      Este Apreciado vecino de Muros nació en esta villa el 16 de febrero de 1952.
Emigró a los Estados Unidos, reclamado por su padre, con tan solo 14 años. En el país norteamericano trabajó en la banca y en las Naciones Unidas. Comenzó su formación teológica en el seminario de la Concepción, en Brooklyn. Regresó a España para finalizar sus estudios de teología en Santiago de Compostela. En la catedral de esa ciudad fue nombrado presbítero por el arzobispo Rouco Varela el 14 de marzo de 1987, y dio su primera misa en Muros tan solo cinco días después, el 19 de marzo. Fue diácono en la parroquia de El Divino Salvador, en Cangas de Morrazo, y en la de San Fernando, en Santiago. Ejerció como párroco oficial en San Martín de Liñao y San Pedro de Gonte, en el municipio de Negreira.
      El 5 de enero de 2002 era nombrado Cronista Oficial de La Villa de Muros. Siendo también capellán en el Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela.
      Falleció en esa ciudad el 11 de enero de 2013 a los 61 años de edad. Fue enterrado en Muros, su pueblo natal, en una multitudinaria ceremonia.
Don Marcelino García Lariño (Marcelo da Rabela)
     Poeta y escritor muradano, nació en Muros en 1930. Fue un gran estudioso de la historia de la Villa y dedicó parte de su vida a recopilar anécdotas y a estudiar los acontecimientos destacados de nuestra región. Amante de nuestra historia y de nuestro patrimonio; fue condecorado con la medalla de la Villa el 28 de mayo de 2011, distinción con la que el ayuntamiento quiso agradecerle su trabajo y esfuerzo en pro del conocimiento de nuestro pasado y presente, siempre enfocado a promocionar nuestra cultura y nuestro acervo. Autor, entre otras, de la obra «Anaquiños da Vila», en la cual relata a modo de cuentos simpáticas anécdotas acontecidas en el pueblo y recordadas por él con una lucidez y una gracia envidiable. Este hijo de Muros, amante de cada uno de los rincones  y piedras de nuestra Villa y conocido como uno de los más ilustres vecinos contemporáneos, siempre dispuesto a colaborar en la exaltación de nuestra historia y nuestras costumbres y con cualquiera que desee destacar las bondades de su amado pueblo, continuó, a pesar de su delicada salud, trabajando por el prestigio y el buen nombre de su municipio hasta que falleció, en Muros el 29 de mayo
de 2015.
Don Juan Jesús Gestal Otero
      El Doctor Gestal nació en Muros el 13 de julio de 1947. Este notable muradano es médico, profesor y escritor; además de haber ostentado muchos e importantes cargos relacionados con la medicina a lo largo de su vida. Fue catedrático y jefe del servicio de medicina preventiva y salud pública del Complejo Hospitalario de Santiago de Compostela; académico numerario de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Galicia académico correspondiente de la Academia Nacional de Medicina de Buenos Aires; cónsul honorario de la república del Perú en Galicia; licenciado en medicina por la Universidad de Santiago (1970); doctor en medicina por la Universidad de Navarra (1974); especialista en medicina preventiva y salud pública (1975); Médico de Empresa (1976); Médico de Sanidad Nacional por oposición (1975); Jefe Provincial de Sanidad y Jefe de Inspección de Sanidad y Salud de A Coruña (1975 - 1980). Tuvo participación activa en las epidemias de cólera y mitilotoxismo. Fue director del centro comarcal y jefe de Sanidad de Santiago (1981 - 1985), destacando en las actividades de higiene escolar y como Director General de Salud Pública de la Xunta de Galicia, (de mayo de 1976 a diciembre de 1977). Destacó, principalmente, en la campaña de vacunación frente a la meningitis C, que permitió controlar la epidemia. Profesor invitado de las Facultades de Medicina de Coímbra; UBA; Maimónides; de Buenos Aires; Universidad del Noroeste, (República Argentina); Universidad de San Luis Gonzaga de Ica, (Perú); del Instituto Pedro Kourí de la Habana; de las Facultades de Derecho de la UBA y de la Universidad Católica de Buenos Aires. Fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad nacional de San Luis Gonzaga de Ica, (Perú). Es decano de la facultad de medicina de Santiago de Compostela.
      Obras Realizadas: Inició y dirigió los Masters de Salud Pública; administración y gestión Sanitaria; Prevención de Riesgos Laborales y el Programa de Doctorado en salud Pública en la Universidad de Santiago.
Investigación: Riesgos de trabajo del Personal Sanitario y problemas de salud de Galicia. Dirigió 22 tesis de doctorado y más de cien tesinas de licenciatura. Es autor de más de un centenar de informes y comunicaciones a Congresos nacionales e Internacionales y de otros tantos artículos en revistas científicas, así como de 15 libros, entre ellos: «La meningitis en Galicia»; «Epidemiología de la deficiencia mental»; «Riesgos en el trabajo del personal sanitario» (2de.); «Medicina preventiva y salud pública» (3de.); «Tabaco y patología», «El flúor en la prevención de la caries dental»; «Libros antiguos de higiene y sanidad 1800 - 1950»; «Guía de la sexualidad, enfermedades infecciosas emergentes, el envejecimiento.»; «Pandemias. Las epidemias que asolaron la humanidad» Ediciones Bolanda (2020). Además, colaboró escribiendo algún capítulo en otros tres libros.
      Otros datos de interés. Recibió también los siguientes premios de investigación: Barrié de la Maza (1980 y 1987); Caixa Galicia (1984); Diputación de Pontevedra (1981, 1982, 1987). Fue presidente de la Sociedad Gallega de Medicina del Trabajo (1991 - 1995); miembro correspondiente extranjero de la Sociedad Portuguesa de la Medicina del Trabajo; miembro de honra de la Sociedad de Microbiología de Cuba; miembro de honra de la Asociación Médica Argentina. Recibió también las medallas de las Sociedades Gallega y Española de Medicina del Trabajo. En la década de los 70, fue el artífice de una gran obra en pro de la ilusión de los niños muradanos, así como de la promoción turística y comercial del ayuntamiento, al organizar y poner en marcha la Cabalgata de Reyes en la Villa de Muros. Este largo currículo y todo cuanto este gran hombre hizo por este pueblo, son razones inapelables para que ocupe un lugar en estas páginas junto a los más destacados personajes de nuestra historia.
Don Juan Caamaño Cebreiro
      Nacido en Vigo el 31 de diciembre de 1951, es licenciado en enseñanza industrial, y fue director del instituto energético de Galicia. Pasó a formar parte de la política autonómica, llegando a ser consejero de Pesca entre los años 1993- 1997, relevando a don Enrique López Veiga cuando era presidente de la Xunta don Manuel Fraga Iribarne. Juan es hijo del teniente coronel de infantería, don Francisco Caamaño González, quien llegó a ocupar el cargo de alcalde de Ferrol.
      Decidió dedicarse la política, alcanzando importantes metas personales y públicas. Persona humilde y muradano de pro, a pesar de no haber nacido en el pueblo, es para muchos un célebre representante de nuestra Villa.
Don Enrique Monteagudo Romero
«Enrique Monteagudo Romero nació en Muros, enla parroquia de Estei-ro, el 29 de noviembre de 1959.
Hijo del ex alcalde pre constitucional de la Villa, don José María Mon- teagudo
Romaní, es secretario del Consejo de la Cultura Gallega y miembro de la Real Academia Galega. Se licenció en Filología Hispánica en 1981. En 1982 comenzó su ejercicio como profesor en la Universidad de Santiago de Compostela. En 1995, en esa misma universidad, se licenció como doctor en Filología Gallega.
Es
profesor titular de Filología Gallega y Portuguesa. Fue profesor invita- do de las Universidades de Lisboa, City University de Nueva York y Buenos Aires; lector en la Universidad de Birmingham, coordinador del «Proyecto Sarmiento», coordinador del Informe de Política Lingüística y Normaliza- ción en Galicia (1980-2000) del Consejo de Cultura Gallega, estudioso del proceso de estandarización del idioma gallego y director del Centro de Do- cumentación Sociolingüístico de Galicia.
Es miembro del consejo de redacción de la revista «Dorna» (Expresión Poética
Gallega), codirector de «Grial» (Revista Gallega de Cultura), inves- tigador del Instituto de la Lengua Gallega y coordinador de la sección de lengua y secretario del Consejo de la Cultura Gallega.
Editó «Sempre en Galiza»; «Castelao»; conferencias y discursos y
Obra Completa de Castelao; «Follas Novas» de Rosalía; obras de Otero Pedrayo y Martín Sarmiento y el volumen «Estudos de Sociolingüística Galega» (Ga- laxia, 1995). Además, fue el autor del volumen «Castelao, defensa e signifi- cación do idioma galego e Historia Social da Lingua Galega» (1999)». ( *)

(*) Fuente: EcuRed. Enciclopedia cubana.
      Tan solo figuran en la web las biografías de algunos de los muchos vecinos que destacaron en sus actividades, favoreciendo con su influencia la promoción y el conocimiento de este ayuntamiento.
      Son, sin embargo, muchos más quienes merecen mención por el grado de popularidad alcanzado en sus vidas. Actores, deportistas o gentes vinculadas a la gestión de diversas e importantes asociaciones locales.
      Algunos de ellos han sido merecedores de pasar a la historia del Concello, Quedando para su recuerdo el epíteto homenaje en algunas instalaciones municipales.
      El campo de futbol de Miraflores, en Muros, fue bautizado con el nombre de Eleuterio Balayo, en honor a quién fuera presidente y mecenas del equipo local. También colaboró con la entidad Volantes de Baño y el club ciclista muradano.
      El campo de La Esteirana se denomina José Luís Vara, en honor al que fuera jugador del Deportivo de A Coruña, Betis, Origuela y Granada. Desempeño también tareas de entrenador en distintos equipos gallegos de divisiones inferiores. Entre ellos el Racing de Ferrol , en 2ºB; Cerceda y Laracha.
      No menos representativos de la cultura local son diversidad de escritores, investigadores, catedráticos, etc.
      Como ha sucedido siempre, en esta maravillosa tierra, no escasean en ella quienes destacan especialmente en una sociedad, ya de por sí, capaz y voluntariosa.
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