Las raíces
     Difícilmente podemos hablar del período prehistórico de Muros y sus alrededores basándonos en datos ciertos y probados; ya que aún no existen estudios definitivos y confiables sobre el tema, y queda mucho por investigar.
      Son numerosos los estudios que hablan de diferentes pueblos que habitaron estas tierras, ya en la Edad del Hierro. Pero, la versión más común entre ellos (Plinio, Mela, López Cuevillas o Serpa Pinto) es que fueron las tribus celtas de los Tamaricos y Supertamaricos quienes tuvieron una permanencia estable en la zona. De lo que no hay duda es acerca de la existencia de seres humanos en la prehistoria, que ocuparon toda la región muradana. Los petroglifos y castros descubiertos en diferentes lugares, tanto en Muros como en los ayuntamientos vecinos, hacen de esta zona de Galicia una fuente de estudio de gran importancia. Específicamente en Muros, este tipo de arte rupestre se encuentra, principalmente, en el área que abarca la parte suroeste del municipio. Podemos encontrar ejemplos interesantes en: Cova da Bruxa, a unos seiscientos metros de lo que se conoce como Cova de Gatos, en la parroquia de Serres; en Cruz da Pedra, cerca del convento de los padres franciscanos de Louro; Boca dos Curros; Laxe das Rodas, también cerca de Louro, en la ruta que va a Taxes; As Laxiñas, en el lugar de Alivía; Pedra da Chula, en el lugar de Eiroa (Sestaio) -antes con parroquia propia, pertenece actualmente a la parroquia de Serres-; y muchos otros lugares diseminados por todo el territorio muradano. También en el ayuntamiento vecino de Carnota encontramos evidencias que atestiguan la estancia de primitivos habitantes en la región. Pedra Escrita; Castro de Mallou o Torre dos Mouros, en la parroquia de Lira; son referencias claras para arqueólogos e historiadores. Se pueden encontrar, en toda el área que abarca los territorios de los cuatro distritos de la región, muchos más rastros de nuestros antepasados. Pero aún queda mucho por descubrir sobre el estilo de vida, la organización social y las costumbres de los primeros habitantes de estos parajes. Mucho más reciente, y por lo tanto mucho más documentada, es la presencia de los celtas, de quienes se deriva gran parte de nuestra cultura.
      También los suevos habitaron la región. Aunque se conocen por la zona muy pocas muestras de su permanencia en la misma. Sin embargo, está totalmente demostrada la estancia, durante un largo periodo, de los romanos; quienes, por otro lado, ocuparon toda España y Portugal, dejando innumerables huellas para la posteridad. Los caminos, puentes y otras obras hechas por ellos son la prueba más veraz de su larga radicación en la comarca. Incluso su idioma, que con influencias celtas, y de otros pueblos que también pasaron por aquí, principalmente comerciando en nuestros puertos, se ha convertido en la semilla de nuestra lengua actual. Se pueden encontrar aún restos de los caminos romanos que atravesaban Galicia, uniendo las principales ciudades de la costa con el interior.
      Las rutas conocidas como «per loca marítima», comunicaban las diferentes poblaciones costeras, Muros entre ellas, a través de varios ramales. Una de estas rutas comenzaba en A Coruña; uniendo esta con Padrón, Pontevedra y otras ciudades de las Rías Bajas.
      Es casi seguro que Muros fuese uno de los puertos utilizados por los romanos para transportar el oro que extraían de las minas de Brandomil.
      La conclusión, es que el conocimiento más cierto que tenemos sobre nuestros aborígenes se remonta a los celtas, las primeras personas de las que existe la certeza absoluta que vivieron en Galicia desde el siglo IV a.C. Hay evidencia documentada de su presencia en estas tierras cuando llegaron los romanos. Pero, no fue hasta el 64 d.C. que comenzó la romanización de la región, cuando el emperador Vespasiano convirtió a 451,000 Gallaicoi en ciudadanos romanos -según los escritos de Plinio el Viejo-. La romanización de los celtas duró cuatro siglos, pero su cohesión social y territorial continuaría durante todo el proceso, lo que influyó en nuestra cultura en los años posteriores; incluso hasta nuestros días. Aún existen dudas sobre su origen real, ya que no todos los estudios coinciden en los movimientos migratorios de estos pueblos. Pero, la multitud de dólmenes, castros y lugares de culto en la región, son evidencia tangible de la cultura celta en nuestro territorio.
      Concretamente, esta zona es especialmente rica en monumentos y hallazgos arqueológicos. Monte Pindo, ubicado al norte del Ayuntamiento de Carnota, es uno de los olimpos celtas más grandes de nuestro país. De hecho, en las investigaciones realizadas en dicho monte y sus alrededores, se han encontrado peculiares antigüedades, pertenecientes a diferentes dominios; incluso fue hallado un antiguo medallón romano.
      Outes también fue parte del alfoz muradano, y su historia se remonta mucho más allá de la época en la que se documentó su existencia. Toda la región ha estado habitada en la prehistoria por varios pueblos, principalmente los celtas. Algunos solo ocuparon estas tierras temporalmente, o por razones comerciales. Otros establecieron poblaciones permanentes, que variaron con el tiempo, a medida que nuevas civilizaciones conquistadoras llegaron o se fusionaron con las demás culturas.
      La mayor parte de la prehistoria conocida de Outes coincide con la de Muros, Carnota y Mazaricos; porque  en la antigüedad todas estas tierras estaban habitadas por tribus pertenecientes a la misma rama. Los Tamaricos. Una civilización que ocupaba la parte comprendida entre el río Ulla y la desembocadura del Xallas, dando el nombre de Supertamaricos a quienes vivían en la parte norte de la ría hasta lo que hoy conocemos como O Ézaro, donde comenzaba el territorio de los Nerios.
      Según las últimas investigaciones, basadas en los estudios de antiguos geógrafos y escritores, así como en interpretaciones de varios historiadores como Plinio, Mela, López Cuevillas y Serpa Pinto, se podría inferir que el  antiguo Portus Tamaricus haya sido el puerto de Muros, mientras que Secundum Portus se referiría a O Freixo, ambos en la parte norte de la ría de Muros. Esto también lo señalan otros geógrafos como Sivelo, Vera, Abraham Ortelio, etc.
      La Sierra de Outes era parte de ese territorio y, por lo tanto, su historia está vinculada a lo que sucedió en los municipios vecinos. Sufrieron vicisitudes similares y compartieron también algunos de sus tiempos gloriosos.
      No fueron las tierras de Entins ajenas a las visitas comerciales fenicias o la ocupación de los romanos, que llegaron a la zona en el siglo I. Fue alrededor del siglo V cuando los pueblos germánicos, probablemente suevos, llegaron y crearon la actual división parroquial de ese Ayuntamiento. Tampoco ese lugar se libró de los ataques de las hordas de piratas, árabes o turcos, que devastaban periódicamente las poblaciones costeras durante la Edad Media. Pero, como en el resto de Galicia, fue en los siglos VI o V antes de Cristo cuando una raza de guerreros valientes y nobles, a los que los griegos llamaron «Gálatas», ocupó primero España y luego Galicia, donde permanecieron hasta que fueron sometidos por el ejército de Roma, dirigido por Julio Cesar, en el año 51.
      Se pueden encontrar evidencias de la estancia de estos antepasados en algunos puntos de ese municipio. En la parroquia de San Pedro de Outes, a la que pertenece la Villa capital, en el lugar de Boel, se encontró una mámoa que puede contener una cámara funeraria; en ella se encontraron dos pequeñas dagas, una de 190 por 50 milímetros y otra de 17 por 60 milímetros. Según se cree, ambas están ahora en el museo del Seminario Pontificio, en Santiago. También se encontró en el mismo sitio una tumba con huesos humanos.
      Lo que ahora es el municipio de Mazaricos formó, igualmente, parte del alfoz muradano. Esas tierras ya han sido habitadas en la prehistoria, al igual que los territorios circundantes. Se estima que sus primeros habitantes se establecieron en la zona hace unos 2.500 años. La región de Xallas, de la que forma parte su demarcación, fue visitada por los suevos y los romanos, que dejaron gran cantidad de huellas en la zona. La calzada romana, conocida como «per loca marítima», atravesaba esas tierras en su recorrido desde Fisterra hacia las Rías Baixas. También se bifurcaba hacia A Coruña. Muchos y variados vestigios de esa civilización han permanecido en este ayuntamiento, como evidencia de su dominio. Durante años, los romanos explotaron las minas de oro de Brandomil, cuya extracción era llevada al puerto de Muros para embarcarla hacia Roma; por lo que las tierras de Mazaricos no eran tanto un territorio de tránsito, utilizado por los conquistadores de Hispania para recorrer las largas distancias que separaban los puertos gallegos del norte y del sur, eran también un lugar del cual explotaban sus recursos naturales. De esa época existen vestigios de viejos caminos y tumbas funerarias, que se encontraron en Chacín y San Cosme. Pero, mucho antes de que los romanos llegasen a Galicia, ya estaban establecidos en estas tierras, como en el resto de la comunidad, los celtas. En las tierras de Xallas, muy probablemente, se establecerían tribus estrechamente relacionadas con las que se asentaron a lo largo de la costa. Con toda probabilidad fueron también los Tamaricos quienes las ocuparon.
      Del asentamiento en el territorio de Xallas de tribus prehistóricas, han quedado como prueba diferentes representaciones originales de su cultura. Una de los más importantes y conocidas es el dolmen Mina da Parxubeira, en Corveira (parroquia de Eirón), a pocos metros de la carretera de A Coruña a Muros. La antigüedad de esta anta, ubicada en el área conocida como la Estivada Vella, se remonta, según los arqueólogos, al cuarto o tercer milenio antes de Cristo. Estando integrada en la necrópolis Sotorraño-Parxubeira-Portocoiro, esta mámoa, de cámara poligonal, tenía de 19 a 22 metros de diámetro, y estaba rodeada por un recinto de piedra. Actualmente, conserva trece soportes, siete en el pasillo y seis en la cámara. Hay una leyenda sobre estos restos que habla de la existencia de un tesoro en la mina y de la prohibición de entrar en ella, por temor a encontrarse con personas, ya muertas, que podrían haber estado allí; razón por la cual solo podría ser rodeada.
      Este dolmen fue descubierto entre 1977 y 1984 por Antón Rodríguez Casal, en unas excavaciones donde también encontró, alrededor del cúmulo y su interior, cuchillas de sílex, puntas de flecha, cuatro astillas de granito, piezas de cerámica y algunos ídolos. Todos estos hallazgos se encuentran en el Museo Arqueológico de  A Coruña.
      Incluso, existe la creencia de que se celebraba allí una romería popular, si bien no hay certeza de que esto último se ajuste a la realidad.
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