La estancia de Jovellanos
      El 6 de marzo de 1810 llegó al puerto de Muros, refugiándose de un temporal, el bergantín Nuestra Señora de Covadonga. A bordo del mismo viajaba el insigne patriota y escritor asturiano Gaspar Melchor de Jovellanos junto al teniente general marqués de Campo Sagrado. Jovellanos había sido diplomático, ministro, vocal del supremo tribunal de la regencia, etc. Era, por lo tanto, un personaje conocido y con gran influencia, razón por la cual tuvo una muy buena acogida en el Pueblo. Fueron multitud los que salieron para recibirlo y ofrecerle su aprecio y colaboración. La viuda e hijos de Sendón, que tenían un comercio en la Villa, fueron quienes le ofrecieron una casa donde hospedarse, y en la iglesia de Santa María del Campo se celebró un acto religioso en acción de gracias por su salvamento.
      Según el acta de 17 del abril de 1810, coincidiendo la estancia de Jovellanos y el marqués de Campo Sagrado con la celebración de la Semana Santa, se acordó que las llaves de los sagrarios de los monumentos de la Colegiata de la Villa, y las del Convento de los frailes Franciscanos de Louro, habrían de ser llevadas en las procesiones por estos dos huéspedes en lugar de por el alcalde y las autoridades de la Villa.
      Después de haber permanecido varios días en el pueblo decidieron marchar hacia Asturias, enterados de que esta había sido liberada de los franceses. Pero cuando se disponían a salir del puerto, recibieron un comunicado avisándoles de un nuevo avance francés sobre Gijón, Avilés y Oviedo. Resolvieron entonces quedarse en Muros hasta que las cosas cambiasen. La villa de Muros tuvo para con estos hombres un trato exquisito durante el tiempo que permanecieron en ella. De hecho, las autoridades locales estuvieron a punto de recibir una providencia de la Junta Superior del Reino por no exigir los pasaportes a aquellos dos hombres, habiéndose conformado simplemente con ver los nombres que figuraban en el rol del navío. Los muradanos, conscientes del deber que les imponía la hospitalidad y las circunstancias y teniendo en cuenta las altas personalidades que les honraban con su visita, no hicieron caso de las órdenes recibidas que les obligaban a identificar a cualquiera desconocido que no llevase pasaporte o viniese de lugares sospechosos. Finalmente, las amenazas del Consejo Superior quedaron tan solo en una advertencia. Después de haber estado viviendo en Muros más de un año, en julio de 1811 Jovellanos partió hacia Asturias con su amigo, el marqués. Se dirigía a Gijón, pero, al saber que se acercaban los franceses, se embarcó nuevamente. Después de salvar una gran borrasca arribó a Navia, donde una pulmonía le costó la vida el 27 de noviembre de 1811. A título póstumo, las Cortes de Cádiz lo declararon Benemérito de la Patria en Grado Eminente y Heroico.
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