Revueltas irmandiñas
      A principios del siglo XIV desaparecen los grades señores feudales y pasan a ocupar sus puestos otros con mucha menor influencia y prestigio. Estos nuevos señores aspiran a conseguir más poder, al tiempo que intentan abarcar más territorio. Con ese objetivo, se enzarzan en continuas guerras que hacen disminuir las libertades y los privilegios de los pueblos. Estos continuos conflictos, que habían sido la causa de un considerable retroceso social en Galicia, dieron origen a las famosas «guerras Irmandiñas».
      En el siglo XV, el enfrentamiento entre los señores feudales y aquellos que pertenecían las clases populares se fue haciendo cada vez más patente, debido al dominio y al abuso del poder que ejercían los nobles sobre los pueblos. Esta circunstancia dio lugar a que los pueblos gallegos se uniesen en hermandades, formando tropas para luchar contra aquellas injusticias. Por orden del rey Enrique IV fue constituida una hermandad de pueblos que recorrió toda Galicia derribando castillos y levantando a los vasallos contra sus señores, a quienes consiguieron vencer. Pero, posteriormente, los nobles se unieron entre ellos para recuperar su estatus, derrotando esta vez a la Hermandad, que no logró su objetivo final hasta que fue nuevamente creada por los Reyes Católicos, quienes les concedieron la autoridad y prestigio suficiente para reducir la obediencia a los ambiciosos señores. De esta hermandad formó parte también la villa de Muros, que se unió a la ciudad de Santiago, al igual que la villa de Noia, contando con la colaboración de algunos nobles que les juraron su ayuda y protección.
      Los vecinos de Muros y, sobre todo los habitantes de sus parroquias rurales, tenían una tradición rebelde, eran conocidos como «Gente belicosa», como los definió el cardenal Jerónimo del Hoyo. Esa actitud de los naturales de la comarca era debida, probablemente, a la cercanía con Santiago, entrada a Galicia de la mayoría de los movimientos comunales europeos a partir del siglo XII. Esta pudo ser la razón de que las luchas entre los grandes y pequeños señores laicos y eclesiásticos, así como arzobispos y caballeros, por el dominio de las jurisdicciones rurales y urbanas de la tierra de Santiago no habrían llegado a influir en este Ayuntamiento. De hecho, la torre arzobispal de Muros, al igual que la de Noia, no fue afectada por los las guerras Irmandiñas, como sí les ocurrió a las de Santiago, Pontevedra y Padrón.
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