El castillo
       La antigua Villa de Muros estaba edificada originariamente hacia el norte, al pie del monte de la Atalaya. Ocupaba el espacio comprendido entre el conocido como río da Torre (río da Chimpota), cerca del actual barrio de San Xosé, el mar (actualmente la carretera AC-550), Porta da Vila y la Praía do Castelo.
      No se hacía ninguna referencia a que hubiesen existido las murallas cuando se fundó la Villa. Por ello, podemos deducir que estas fueron construidas posteriormente a los tiempos de su pertenencia al Reino de Castilla.
      Según consta en documentos escritos entre los años 1384 y 1484, la muralla ya existía en la segunda o tercera década del siglo XIV, habiendo esta resistido el ataque portugués en 1389. De hecho, fueron encontrados, junto a la iglesia de Santa María del Campo, restos de la primera muralla medieval y una moneda de Alfonso IV, que fue rey de Aragón entre los años 1327 y 1336. Se colige, por lo tanto, que el reinado de este monarca fue posterior a la construcción de las mismas.
      En el lugar que actualmente ocupa la lonja vieja se levantaba el antiguo Castillo oficial de la Villa. Construido sobre la roca y rodeado por el mar, menos por la parte que lo unía a tierra y por la cual tenía su entrada, contaba con doce cañones y dos almacenes abovedados donde se guardaba la pólvora y las balas. Tuvo, al menos hasta principios del siglo XVII, tropa de línea con un oficial al frente.
      En el año 1742 se alojaba en la Villa un piquete del regimiento de Lisboa, de 50 soldados, y dos años más tarde llegó una compañía de granaderos del mismo regimiento, mandados por el capitán Francisco del Valle. Aún en 1825 constaba en la guarnición un destacamento de 39 soldados y un oficial.
     Por los datos de los que se dispone se puede deducir que dicho Castillo ya existía, por lo menos, antes de 1634, si bien no hay información acerca de la fecha exacta de su construcción.
      El Castillo fue tomado por los ingleses el 4 de junio de 1805, fecha en que una pequeña escuadra, comandada por el capitán Maitland, bombardeó la villa. Murieron en el ataque el comandante de la guarnición y el segundo capitán de la Confiance -una fragata francesa que se encontraba fondeada en la ría y era el objetivo de los ingleses- junto a otras diez personas, resultando heridos una considerable cantidad de defensores locales.
      El Castillo fue convertido en cárcel del partido, y luego derribado para construir la lonja municipal, quedando una pequeña parte como cárcel hasta desaparecer definitivamente a mediados del siglo XX.
     En el barrio del Carmen, en la zona que se conocía como Monte Real, había una torre, en la llamada entonces calle de la Torre Vieja, que fue renombrada después como calle de la Fortaleza. Dicha torre pertenecía al prelado de Santiago, al haber sido cedida por el rey Fernando IV a la Iglesia de Compostela, el 8 de agosto de 1309. Esa construcción estaba muy apartada de las demás torres de la muralla, y se componía de dos cuerpos, uno alto y almenado que formaba la torre propiamente dicha y otro más amplio y pegado a esta por la parte sur. La torre arzobispal fue levantada después de 1289, año en el que la villa fue donada por Fernando IV a la Iglesia del Apóstol. Mandada hacer por los prelados compostelanos, pudo ser construida en el siglo XIII o XIV, según se desprende de las ordenanzas dadas a Villa por don Lope de Mendoza en 1406, donde dice: «Que este deber no sea gracia algunha y la tenga el procurador para las torres de dicha Vila».
      Además del castillo, la Villa contaba también para su defensa con otras piezas de artillería colocadas en diversos lugares. Una de ellas, compuesta de cinco cañones, estaba instalada a la orilla de la playa, en lo que hoy es el Curro da Praza. En el exterior de la muralla se levantaba una amplia base de piedra, sobre la cual se asentaba la batería. Al otro lado de la bahía, en la isla de San Antón, había un cañón apuntando hacia la Villa, cruzando su trayectoria de fuego con la de la batería de la playa. Un tercer grupo de cañones estaba montado sobre una pequeña plaza circular de piedra saliente hacia el mar, cerca del faro de Rebordiño -justo enfrente del que conocemos hoy como taller da Seat-. En la actualidad hay allí una cruz de piedra con una inscripción en relieve, hecha sobre otra piedra circular adosada a su frente que pone: «Sálvanos Señor Que Perecemos».
      En el año 1520, por orden del arzobispo Fonseca III, se construyó sobre Monte Louro un fuerte para defender la entrada de a ría de los piratas que venían a refugiarse y reparar sus naves en la ensenada de San Francisco, o a saquear las poblaciones que se levantaban a orillas de la ría, desde Muros hasta Noia y Porto do Son. Dicho fortín disponía de 16 cañones, y era considerado como uno de los principales puntos de defensa contra las incursiones de los corsarios aún en el año 1609.
      Para vigilar las costas había repartidas por los montes más altos, y en contacto visual unas con otras, garitas circulares hechas de piedra, en las cuales hacían guardia los vecinos de la Villa, y de sus aledaños, en turnos de 24 horas. Estas atalayas se comunicaban mediante señales con banderas. Las diferentes torres se situaban en O Muíño do Vento, Pedras Agudas, Monte Louro y Monte Cabazo (en Lariño). También se ejercía la vigilancia desde el castillo, el fuerte de Monte Louro y el puesto de Santa Cruz. En estos lugares solían hacer guardia un piloto y un marinero. El 31 de agosto de 1689, el conde de Puñonrrostro ordenó al sargento mayor de la plaza de Muros llevar a cabo, ayudado por los milicianos, la reparación de la torre de Santa Cruz, y la construcción de trincheras en la Villa para mayor seguridad. En esa torre hacían guardia los pilotos por turnos, y le comunicaban al ayudante de marina las novedades que iban surgiendo.
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