Convento de los Padres Franciscanos de Louro
      De muy antiguo se conoce el convento de los frailes franciscanos de Louro que se encuentra a menos de 3 kilómetros de la Villa. Su fundación data, muy probablemente, del siglo XIII. El fraile Jacobo de
Castro cree que pudo ser fundado en el año 1223 como un paraje para el culto que albergaba varias ermitas, convirtiéndose en convento en el 1432, según el analista Wadingo.
      Consta desde el siglo XV la presencia de personal en el convento. Concretamente, estaba este habitado por un guardián, veinte sacerdotes y cinco coristas y legos. Según los cronistas de la época, este convento tuvo un amplio cuadro de sabios y santos. Formaron parte de esta comunidad; fray Antonio de Acuña, quien dotó la biblioteca y fue responsable de la misma; fray Gaspar de Mondragón; fray Juan de Muros; fray Martín de Monreal y fray Arias de Fresco, este último sepultado en el propio convento bajo la lámpara del altar mayor.
      A pesar de la opinión de fray Anastasio López, quien dice: «El convento de El Rial de Muros es uno de los varios oratorios fundados en Galicia por fray Gonzalo Marino para la observancia, antes de 1 407. Es, sin duda, el que en la gula del antipapa Benedicto XIII es llamado Santa María de Rale, en la diócesis de Santiago. Muchas veces hemos fijado nuestra atención en los restos de edificación románica, que se ve por doquier en el convento de San Francisco de Louro. Capiteles, columnas y arcadas nos indicaban que allí había existido un edificio, tal vez anterior al siglo XIII, y que quizás era una Iglesia -la capilla dedicada a Santa María-. Aprovechándose de ella, Fray Gonzalo Marino fundaría en aquel paraje solitario el convento u oratorio de Santa María del Rial, que más tarde tomó el título de San Francisco». El historiador don Ramón Artaza creía que el convento fue fundado por los vecinos de Muros; basándose para ello en la tradición y en un documento municipal del 24 de febrero de 1820 en el que, contestando el ayuntamiento de Muros a un oficio dirigido por el ayuntamiento de Santiago relativo a la petición de una relación descriptiva de la Villa, con motivo de unos trabajos encaminados a hacer volver la Audiencia Nacional del Reino de Galicia a Santiago, al referirse al convento de los franciscanos dice: «Ala distancia de una muy corta media legua hay un convento de religiosos...». También habla el mismo documento sobre la historia de Muros, a la cual divide en tres épocas y dice: «Alcanza la primera hasta Felipe II, en esa primera época el Eremitorio pasó a ser convento formal...». Otro de los elementos que prueba, según don Ramón Artaza, de una manera real la participación de los muradanos en la construcción del convento, es una inscripción que aparece en uno de los lienzos del claustro y que dice: «Este paño de claustro hizo Bastián BaÇar y su mujer Margarita Pérez, cordero 1646.». Tomando este y otros indicios como referencia, supone don Ramón que en la edificación del convento participaron también otros vecinos de la Villa.
      En el año 1806 y siguientes se llevaron a cabo significativas obras en el convento, en parte gracias a una limosna de 61.700 reales que recibió la orden como donativo por parte del vecino de Cádiz, nacido en Muros, don Ignacio Suárez. Juan de Castro, maestro de obras en la Villa, fue el encargado de llevar a cabo las reformas, consistentes en abrir nuevas ventanas y arreglar pisos, tabiques y tejados.
      La revolución de 1835 alcanzó también a los enclaustrados de este convento, por lo cual quedó abandonado. En un informe de la diputación provincial de A Coruña, datado el 9 de marzo de 1836, se hace referencia al decreto de 1 de febrero de 1836 acerca del destino de los conventos y monasterios de la provincia.
      En el mismo informe dice que el de Muros deberá ser derribado y puesto a la venta. No fue hasta el 22 de julio de 1848 que salió a subasta el convento, siendo adjudicado a don Manuel Benancio Martínez por la cantidad de 6.230 pesetas. La propiedad pasó por diversos dueños, quedando finalmente en poder de los testamentarios del señor García Pan. Se dice que la Iglesia fue comprada por una persona de A Coruña cuya identidad no se conoce.


      En el año 1873, volvió a ser habitado por los frailes franciscanos, que se encargaron de su restauración, promovida por el Padre Coll.
      La construcción del convento es sencilla, la Iglesia es de estilo ojival, el arco triunfal tiene columnas y capiteles bizantinos. El claustro es pequeño, pero elegante, y en uno de sus lienzos aparece esta inscripción
      El convento de los franciscanos de Louro tuvo una gran importancia en el Ayuntamiento en épocas pasadas, ya que poseía muchas rentas, tierras y pensiones. Todo esto fue vendido en el año 1835, cuando el convento fue abandonado. En el archivo histórico de Madrid existe un documento en el cual aparecen cuantas y cuáles eran sus propiedades y riquezas.
      Desde la entrada del convento, muy cerca del cementerio, da comienzo un Vía Crucis que se compone de 15 pequeñas torres, en cada una de las cuales se representa un cuadro de la Pasión. Estas torres están dispuestas a lo largo de un camino que sube por la ladera del monte hasta llegar la última estación, donde aparece grabada la frase: «CHARITAS ME FECIT», justo en ese lugar, donde culmina el calvario, se encuentra un crucero de piedra.
      En el siglo XIX llegó a funcionar en el convento una escuela pía que se paralizó al poco tiempo; hasta que, en 1909, el día 1 de abril se inauguró nuevamente, funcionando con normalidad durante muchos años. Para el establecimiento de esta escuela se trató de levantar un nuevo edificio; pero esa construcción no se pudo llevar a cabo debido la negativa del gremio de mareantes, que se oponía a la misma en aquel paraje por considerarla perjudicial para los intereses de la Villa y de sus marineros. Ante esta oposición, la Ayudantía les negó a los frailes el permiso solicitado.
      Actualmente, una parte de sus instalaciones funcionan como camping privado y hostal, ambos gestionados por los escasos frailes que aún residen allí.
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