Combate naval en la ría
      El combate naval de Muros tuvo lugar en nuestra ría, frente a la Villa, el 25 de julio de 1543. Fue una célebre victoria militar española en la que se enfrentaron una flota francesa, formada por 25 navíos al mando de Jean de Clamorgan y del corsario Hallebarde, y otra española de 16 naves comandada por don Álvaro de Bazán «El Viejo». En la batalla tomó parte también su hijo, Álvaro de Bazán «El Joven», a pesar de no contar con más de 17 años. Fue esta la primera batalla del marqués de Santa Cruz, quien llegaría luego a ser una leyenda. En los párrafos siguientes se expone el desenrollo de los acontecimientos:

      Después del fracaso de la expedición española contra Argel en 1.541, el rey francés, Francisco I, aliado con Turquía, Dinamarca y Suecia, violó la tregua de Niza y le declaró nuevamente la guerra a España. Por esa razón se aprestó a alistar una flota para combatir contra las armadas inglesa y española, que entonces eran aliadas. Fue el propio Rey francés quien dirigió los preparativos en el puerto de Le Havre, con la intención de repeler el ataque inglés.
Mientras tanto, le encomendó al vicealmirante De Burye armar una segunda escuadra para atacar a España. Esa escuadra fue alistada en los puertos de Bayona, Burdeos y San Juan de Luz, aprovechando la escasa presencia española en el golfo de Vizcaya.
      El Emperador Carlos, temiendo un ataque en las aguas del golfo, le encomendó la defensa a don Álvaro de Bazán, apodado «El Viejo» y capitán general de las galeras de España, quien se trasladó al Mar Cantábrico y reunió una escuadra para impedir el ataque francés.
      Don Álvaro formó una flota con naves de Guipúzcoa y Vizcaya, más las que tenía disponibles en las cuatro villas, con lo que contó rápidamente con cuarenta naves con un desplazamiento de entre doscientas y quinientas toneladas cada una. Dispuso como base de operaciones el puerto de Laredo, en Cantabria, desde donde podía acudir a cualquier punto que atacasen los franceses en la costa cantábrica.
      Pero, don Álvaro recibió la orden de transportar un cuerpo de infantería a Flandes, razón por la cual tuvo que dividir la escuadra. Con tan solo quince naves hizo el transporte de las tropas hasta la ciudad de Brujas, donde desembarcó la infantería en el mes de junio.
      Justo en ese momento terminaban los franceses sus preparativos, y con treinta naves, que se habían reforzado con quinientos cincuenta arcabuceros escogidos, se hicieron a la mar desde el puerto de Bayona, con rumbo oeste para atacar las costas españolas. La escuadra francesa, aunque había sido alistada por el vicealmirante De Borye, Morgan, señor de Seoane, considerado en aquel entonces el mejor marino de toda Francia.
      Los franceses, en su rumbo hacia las costas de Galicia, apresaron a dos mercantes vizcaínos, un error que alertó al gobernador de la plaza, don Sancho de Leiva, quien envió inmediatamente emisarios para advertir a Bazán de la presencia y el rumbo de la flota francesa.
      Don Álvaro, que se había desprendido de una parte de su armada y, sobre todo, de los soldados enviados a Flandes, se encontraba en ese momento terminando de preparar sus naves y disponía tan solo de unos mil hombres. Al leer los mensajes de Leiva le respondió pidiendo refuerzos, siéndole enviados inmediatamente quinientos viejos arcabuceros.
       El 10 de julio, estaba Bazán aprestando sus naves cuando pasó por las aguas de Laredo la escuadra francesa, sin apercibirse de que en aquel puerto se encontraba haciendo preparativos la flota española. Convencidos de que no había naves hispanas por la zona, saquearon varias poblaciones de la costa, entre ellas Laxe, Corcubión y Fisterra. Continuaron su ruta hacia el sur y finalmente fondearon frente a la villa de Muros, a la que le exigieron un rescate de 12.000 ducados a cambio de no arrasarla.
      Ante la delicada situación, Álvaro de Bazán dispuso de todas las naves y hombres que le fue posible y se hizo a la mar. Navegando a toda velocidad, llegó a Muros en poco tiempo, cogiendo a los franceses desprevenidos.
      La flota de Clamorgan permanecía fondeada frente en la ría, mientras el general Mr. De Sana trataba con los vecinos de la Villa el pago del rescate, cuando la flota de Don Álvaro se le echó encima a toda vela.
      Bazán solo había podido alistar 16 barcos, de los más grandes que disponía, pero a pesar de ello, el factor sorpresa y el superior tamaño de los navíos le daban cierta ventaja ante las 25 naves francesas.
      Era un 25 de julio, día del Apóstol Santiago, patrón de España, y don Álvaro arengó a sus tropas diciéndoles que en tan señalada fecha era imposible que perdiesen el combate. La tropa española atacó con tanto ardor que en poco tiempo arrollaron a los franceses.
      Bazán dirigió su nave capitana directamente contra la del almirante francés, que se encontraba al lado de la del corsario Hallenbarde. La lucha contra los dos fue encarnizada, sufriendo la tropa de Bazán más de cien bajas, entre muertos y heridos.
      Viendo la ventaja que tenían los franceses en aquella lucha, don Álvaro aprovechó un golpe de viento, con el que tomó impulso y arremetió contra la nave de Clamorgan, con tanta destreza y violencia que la echó a pique. Habiéndose deshecho de un de los dos navíos, dedicó todo su esfuerzo en combatir contra la nave corsaria, a la que consiguió abordar y capturar en poco tiempo.
      Aunque el combate fue encarnizado, no duró más de dos horas, siendo los franceses totalmente derrotados.
      De las veinticinco naves que formaban la escudería gala, tan solo una consiguió escapar, las otras veintitrés fueron capturadas, y la capitana había sido hundida en el combate.
      Las bajas francesas superaron los tres mil hombres, mientras que las españolas fueron unas ochocientas, de las que trescientas fueron muertos.


      *Historia de la armada, tomo 1. Páginas. 269 a 279.
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