Barrio de A Xesta
      Las casas que se construyeron fuera de la fortaleza se comenzaron a levantar a lo largo de la ribera, justo a la orilla del mar y de sur a norte. El nuevo núcleo de población fue conocido como «O Burgo». Las primeras viviendas se hicieron en el 1661 y estaban cimentadas sobre la arena de la playa y las piedras que bordeaban la costa. Con las mareas altas eran batidas por el mar, llegando el agua hasta dentro de los sótanos y siendo imposible transitar bajo sus soportales. Las pequeñas embarcaciones pesqueras eran construidas a las puertas mismas de las viviendas, e incluso las de altura varaban a la orilla de los soportales, tocando muchas veces con sus palos las partes altas de las fachadas.  Con la marea baja las personas transitaban por la playa que llegaba hasta los sótanos de las viviendas, bajo los arcos de los soportales que servían de abrigo a los marineros para trabajar en sus embarcaciones protegidos de la lluvia. Los pisos superiores se encontraban, literalmente, sobre el agua cuando llenaba la marea.
      Aseguraban muchos vecinos de avanzada edad que hubo un tiempo en el que el mar llegaba hasta la calle de la Pescadería, si bien no he encontrado pruebas gráficas que así lo corroboren. Pero es creíble que así fuese en algún momento, teniendo en cuenta la manera en que fueron hechas muchas de las casas que existen aún a lo largo de la avenida de la Marina, las cuales tienen sus cimientos por debajo del nivel del mar cuando la marea está  llena.
      Los marineros reparaban en los sótanos de las casas sus aparejos de pesca y solían tener allí los saladeros y las artes que utilizaban a diario. Con el correr de los años la Villa fue creciendo por la ladera del monte y a lo largo de la ribera. Cuando desaparecieron las murallas se juntaron las casas de los aledaños con las que se encontraban entre muros, desapareciendo la separación física que dividía al pueblo en dos. Se podría decir que fue esa época la de mayor crecimiento físico y económico de la Villa, sí bien ya en 1.550, en la «Descripción del reino de Galicia», Muros figuraba entre las doce ciudades más pobladas de Galicia. Superando a Noia en 1.200 habitantes.
      Además de la villa capital del Ayuntamiento, donde se concentraba la mayor actividad social y comercial, contaba este con una gran extensión rural que comprendía las parroquias que aún actualmente pertenecen al Concejo de Muros, (Louro, Serres, Esteiro, Torea, Tal y Abelleira), y las que, siglos después, formarían parte del Ayuntamiento de Outes (Sabardes, Roo, entíns y Tarás), en medio de las cuales el Arzobispo de Santiago terminaría después de edificar el «Roqueiro de Outes», que daría lugar a la capital de dicho ayuntamiento.
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