El ataque de los ingleses
      El 4 de junio de 1805, por la mañana, una pequeña flota inglesa, al frente de la cual estaba el capitán Maitland, comandante del Loire, llegó a Muros con la intención de capturar a la corbeta francesa Confiance, un corsario de 22 cañones que había sido reflotado el 3 de febrero de 1799 después de haber estado más de un año inservible al volcar durante su botadura en noviembre de 1797. Junto a la corbeta gala se encontraba también el Bélier, un bergantín de la clase vigilant, de 16 cañones, 116 metros de eslora y unas 450 toneladas de desplazamiento que había salido por primera vez a la mar en el 1.800 y estaba siendo reparado. Maitland, que venía de atacar la villa de Camariñas, supo, por la información que le habían facilitado los marineros apresados del corsario español Esperanza, que en el puerto muradano se encontraba fondeada la Confiance presta para hacerse a la mar. Al llegar a la punta de Rebordiño, remolcando los botes apresados en el anterior abordaje, fueron avistados por las defensas de tierra. La pequeña batería de dos cañones apostados en el cabo abrió fuego contra la nave inglesa, cuya tripulación estaba compuesta por cincuenta hombres, entre oficiales, marines y marineros Comandados todos ellos por el capitán Maitland y las órdenes del teniente Yeo, a quién asistían los tenientes de la Real Marina Británica, Samuel Mallock y Joseph Douglas y el teniente segundo, Charles Clinch. Los ingleses respondieron al fuego. Pero, ante la imposibilidad de llegar hasta la Confiance, debido la ventaja que le otorgaba a las defensas su estratégica posición, el capitán Maitland ordenó atacar por tierra e inutilizar los cañones. Un grupo de marines de la armada británica, comandado por el propio teniente Yeo, alcanzó la orilla en unos botes y consiguió anular la escasa fuerza de fuego situada en la punta Rebordiño. Pero, al adentrarse el Loire en la bahía, se expuso a los disparos de la artillería ubicada en el castillo, 12 piezas largas de 18 libras, que inmediatamente lanzaron una andanada de proyectiles contra la nave inglesa. A pesar de responder al fuego de los locales, los británicos no consiguieron dañar el fuerte, y tuvieron que lamentar unas cuantas bajas. Seis tripulantes resultaron heridos, tres de ellos de gravedad.
      El teniente Yeo, viendo la delicada situación en la que se encontraba el bergantín, tomó la decisión de atacar el castillo por tierra. Aprovechando que los arraigados en la fortaleza centraban su ofensiva en el barco inglés, y que no se esperaban aquella maniobra, asaltaron el recinto por sorpresa, librando una sangrienta lucha cuerpo a cuerpo, de la cual salieron victoriosos, a pesar de la superioridad numérica de los defensores del baluarte muradano. La guarnición del castillo estaba compuesta por 22 soldados, a los cuales apoyaban 100 hombres de la dotación del barco francés y un indeterminado número de voluntarios del pueblo. Aunque la batalla fue de poca duración, ambos bandos padecieron las consecuencias de tan feroz enfrentamiento. Finalmente, los atacantes consiguieron tomar el castillo y apresar a los dos barcos franceses, la Confiance y el Bélier; que fue quemado por no considerarlo de utilidad al estar totalmente desarbolado. Junto a ellos apresaron también un bergantín mercante español que se encontraba cerca de los corsarios galos. En la tropa de Yeo resultaron heridos el propio Yeo y el teniente Clinch, además de tres marineros y un marine.
      Entre los defensores de la fortificación perecieron 12 hombres, entre los cuales se encontraban el comandante de la guarnición muradana y el segundo capitán de la Confiance, y resultaron heridos otros 30. Los demás supervivientes huyeron a refugiarse dentro de las murallas de la Villa. Los ingleses exigieron a los habitantes de Muros la entrega de todas sus armas y víveres a cambio de no tomar represalias contra la población y no destruir la Villa. La vecindad y los pequeños barcos fondeados en la bahía o varados en la playa fueron respetados por los atacantes, que también tuvieron un comportamiento ejemplar con los heridos, cosa que le agradeció al capitán británico, en nombre del pueblo, la delegación encargada de las negociaciones. Antes de abandonar Muros, las tropas inglesas destruyeron parte del castillo, junto con 40 barriles de pólvora que había en su almacén, y se llevaron a bordo del Loire dos cañones de bronce y unas cuantas armas de pequeño calibre. En su marcha se llevaron también consigo al barco francés. En ese hecho se basa una frase habitualmente usada en Muros que dice: «A confianza levouna o inglés».
      Consecuencia de aquel ataque fueron, la rotura de las piernas del Cristo del crucero de San José y las marcas de los cañonazos dejadas en las fachadas sur y este de la iglesia de la Virgen del Camino, así como en el balcón de la casa conocida como Da Turacha, en la avenida de la Marina. Esta última bala se conservó colgada en la fachada de la casa con una inscripción que decía: «Un regalo de los ingleses: 22 de julio de 1805», hasta que la casa se quemó, desapareciendo entonces dicha bala.
      Según don Ramón Artaza, «la fecha que por los indicios figuraba inscrita en la bala de cañón, no coincide con la verdadera fecha en la que sucedieron los hechos, a los cuales se hace referencia en los archivos de la Real Marina Inglesa y en los diversos datos biográficos del Almirante Maitland. Sí coincide, en cambio, esa inscripción con la fecha en la que aconteció la batalla de Finisterre, pocos días más tarde, lo cual nos lleva a pensar que dicha inscripción pudo ser hecha por alguien tiempo después de acontecido el incidente, confundiendo las fechas de dos hechos importantes acaecidos en un corto período de tiempo».
      Pocos días después, el 22 de julio, en el marco de las guerras de la tercera coalición durante las denominadas guerras napoleónicas, tuvo lugar la conocida como Batalla de Finisterre, donde una flota formada por 19 navíos ingleses al mando del Vicealmirante Robert Calder, se enfrentó en las cercanías del cabo de Finisterre a una flota franco-española compuesta por 29 naves y comandada por el almirante Pierre Charles Silvestre de Villenueve, apoyado por el comandante español Gravina. El combate comenzó a las 17:15 horas del día 22 de julio de 1805 y se prolongó a lo largo de dos días. La misión de Calder era impedir que la flota francesa tuviese acceso al canal de la Mancha, hacia donde se dirigía para escoltar el paso del ejército de Napoleón en su propósito de invadir Inglaterra.
      Al darse por finalizada la batalla, el 24 de julio, la flota franco- española había sufrido 476 bajas, entre muertos y heridos, y los ingleses terminaron la contienda con 39 muertos y 159 heridos. Pero, consiguieron su objetivo de impedir que Villanueve pudiese llegar a desembarcar tropas en Irlanda para facilitar la escolta de las tropas de Napoleón; que esperaban en Boulogne. La victoria inglesa en aquella batalla naval hizo desistir al emperador de Francia de su idea de invadir Inglaterra. Después de permanecer un tiempo en Cádiz, Villanueve se dirigió,con la flota combinada, a su definitiva destrucción en la batalla de Trafalgar, el 21 de octubre de 1805.
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